El Mandaloriano y el retorno al espíritu de Star Wars

No se nutre de la fuerza, pero sí de clásicos.

 

por JUAN MANUEL SALINAS A.

Un western galáctico, violento, con antihéroes ambulando por escenarios polvorientos, entre cantinas, bandoleros y caza recompensas. Un western sin tiempo o sostenido en aquella frase: “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana”, donde aquel Han Solo se habría paso a tiros, también en cantinas peligrosas donde una mirada podía ser insulto.

No hay un héroe, pero sí un “antihéroe” que deberá hacer el bien, como lo hiciera el alguacil Reuben J. Rooster Cogburn bajo la piel del inmortal John Wayne en aquel clásico True Grit, de Henry Hathaway. Pero el protagonista no usa sombrero de cowboy, sino un casco mandaloriano, no posee caballo, pero sí una nave que oficia de hogar al mismo tiempo, además de una gran variedad de armas láser.

La nueva serie de Disney, El Mandaloriano, retorna al viejo espíritu Star Wars, algo de lo que se había desprendido el episodio VIII Los últimos Jedis. Jon Favreau, el nuevo mimado de la industria, pone hombro a los guiones y elabora una historia de pistoleros, en un mundo de transición luego de caer el imperio como lo vimos en El Retorno Del Jedi.

Acá, un caza recompensa es el protagonista; rudo, pero con buenos sentimientos ocultos, similar a Tom Doniphon, de The Man Who Shot Liberty Balance (también conocida como Un Tiro en la noche), una de las películas emblemáticas de John Ford, también con Johan Wayne, ya mencionado antes. Aunque con destinos diferentes, Doniphon no parecía encajar en los cambios del pueblo Shinbone, mientras que el mandaloriano hace lo que lo que tiene que hacer, fiel a las costumbres del planeta Mandalore, donde la batalla otorga honor a los diferentes clanes existentes.

Ya lo llaman Baby Yoda. Es una criatura de la misma raza que el legendario personaje de la saga. Este pequeño, también es poderoso con «la fuerza».

No muestra el rostro, igual que Boba Fett en El Imperio contraataca y El Imperio Del Jedi, pero todos sabemos que bajo el casco y la armadura se encuentra Pedro Pascal.

Escenas de cabalgatas por desiertos, no en caballos sino en extrañas criaturas – nuevamente alegoría al western – dan pasos interesantes y otorga a la serie ese sabor nostálgico al viejo Star Wars. Y, por supuesto, un misterio entorno a una pequeña criatura de la misma raza de Yoda, que también se nutre de “la fuerza”. Y, cabe resaltar, no está animado digitalmente, sino de la vieja forma; con un animatronic, similar al Yoda original.

Más que interesante la presencia del actor y director alemán Werner Herzog, encarnando a un rudo contratista de caza recompensas.

La serie inaugura la nueva plataforma con la que Disney pretende ganarle mercado a Netflix y Amazon. Favreau sabe lo que hace, apeló a ese olvidado Star Wars original de Lucas y se une a cabezas interesantes como la productora Kathleen Kennedy, responsable de películas inolvidables como Jurassic Park  y E.T., el extraterrestre, entre muchas otras.

Otro acierto de Favreau. Posiblemente estemos, ante la mejor obra de Star Wars desde que Disney compró la franquicia.

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