Del porqué analizar en extremo Star Wars es estúpido

Como era de esperar, un séquito de “sufridos detractores”, al igual que los fans de la saga, no lograron dormir luego del estreno de El Despertar de la Fuerza.
Rey, en la piel de Daisy Ridley, en una escena de Star Wars: El Despertar de la Fuerza.
Rey, en la piel de Daisy Ridley, en una escena de Star Wars: El Despertar de la Fuerza.

por JUAN MANUEL SALINAS A.

Cuando una película tiene éxito y la crítica y público coinciden, no pasa mucho tiempo para que salgan los que pretenden decirle al mundo que todos están equivocados y que ellos son los que tienen la verdad y pueden abrirle los ojos al “gran ganado”. Sin ir muy lejos, tuvimos el año pasado a un pequeño ejército de “beodos de tabernas de mala muerte”, que un buen día se pusieron a ensayar sobre el mensaje dañino de 7 Cajas y lanzaron sendos disparates al universo. Alguien por ahí, bien les recomendó pagar la cuenta de la taberna, pero bueno, es una utopía. Después de todo, esto ha sucedido siempre a través de la historia del cine, incluso grandes películas como Casablanca y El Ciudadano Kane, tuvieron sus detractores apelando a rebuscadas interpretaciones.

Como era de esperar, Star Wars: El Despertar de la fuerza, tenía que pasar por la etapa del sobre análisis por la simple razón de ser una cinta esperada, de estar bajo el “telón” de Disney y por pertenecer a una saga que generó muchísimos fans desde su aparición en 1977. No importan los resultados, al igual que la crítica de teatro Tabitha Dickinson, de la película Birdman, algunos ya habían decidido que antes de estrenarse, había que dar una explicación del porqué la película sería mala por la simple razón de que esa postura es más intelectual. Acto seguido, reivindicar el cine arte como una suerte de “bastión de resistencia ante el cine industrial”. Es elegante y “revolucionario”. ¿Necesario?

Kylo Ren, el nuevo villano de la nueva entrega de Star Wars
Kylo Ren, el nuevo villano de la nueva entrega de Star Wars

El éxito de Star Wars: El Despertar de la fuerza, fue rotundo. La cinta no solo fue elogiada por la crítica, sino que el público hizo que la misma generara hasta el momento 760 millones de dólares. Críticos de medios como The New York Times, The Guardian, The Times, The Daily Telegraph, The Hollywood Reporter, Variety, La República, Clarín y muchos otros no ahorraron elogios… Bueno, también hubo algunos a los que no les gustó.

A la par del éxito, saltaron los “beodos de tabernas de mala muerte”, a descubrir lo obvio; que usaron la misma estructura que la primera entrega de 1977; Una nueva Esperanza. Y es que J.J. Abrams, el nuevo director de la saga, apeló a lo que lo que la mayoría de los fans esperaban; que no se aleje de la clásica trilogía. Convocó a Lawrence Kasdan, el mismo guionista de El Imperio contraataca y El Retorno del Jedi y ahí fueron.

Ya lo dije antes. Con esta continuación no hay lugar para nuevas miradas, tampoco para grandes renovaciones. Y si bien tampoco convenció al mismo Lucas por ese “aire retro”, fue el camino seguro al éxito y al respeto de los millones de fans, que son los responsables de que la película se lleve los 760 millones de dólares. Y he aquí donde aparece Satanás, ohhhhh, el “diabólico dinero”.

Escena de la primera entrega de Star Wars de 1977. De izquierda a derecha. Peter Mayhew (Chewbacca), Mark Hamill (Luke), Alec Guinness ( Obi-Wan Kenobi) y Han Solo (Harrison Ford).
Escena de la primera entrega de Star Wars de 1977. De izquierda a derecha. Peter Mayhew (Chewbacca), Mark Hamill (Luke), Alec Guinness ( Obi-Wan Kenobi) y Han Solo (Harrison Ford).

Una película puede gustarte o no. Y las personas pueden exponer criterios diferentes y hasta ensayar nuevas definiciones de lo que es el cine, por más que el mismo ya está definido. El problema es cuando la crítica parte desde el prejuicio. Cuando esto ocurre, esa misma crítica se vuelve vacía y hasta corrupta, porque solo quiere tumbar lo que no le gusta inventando “satanizaciones”. No nace de una necesidad de expresión en búsqueda de un debate sino de las ganas de “aplastar”. Y sí, quiero aplastar al crítico prejuicioso. ¿Es contradictorio? Tal vez, el ser humano es contradictorio.

Con Star Wars la cuestión es sencilla. La creación de Lucas es puro entretenimiento, aunque tiene una agregado, llamémosle filosófico, que es la base argumental que ideó partiendo de la obra El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell, un ensayo sobre las etapas que cumplen los héroes en las culturas. La resume en Separación, Iniciación y Retorno. Esto da la pauta de que Star Wars no es ciencia ficción, el mismo Lucas ya lo ha aclarado infinidad de veces alegando que se trata de una “épica espacial”. La última entrega sigue este concepto, que es el que querían ver los fans, y aquí termina la cuestión. La cinta está bien narrada, con ese espíritu de aventura que despertó furor a finales de los 70, punto final.

Luke venciendo a Darth Vader en El Retorno del Jedi (1983), película que antecede a El Despertar de la Fuerza.
Luke venciendo a Darth Vader en El Retorno del Jedi (1983), película que antecede a El Despertar de la Fuerza.

Lo que es importante recalcar es que al no haber bases científicas, no puede analizarse como tal. No estamos ante obras de Isaac Asimov, que fue un científico escritor. Tampoco ante una obra como la película Interstellar, cuyo guión tiene conceptos científicos. Star Wars es pura fantasía. Por eso pierde sentido los comentarios del astrofísico Neil deGrasse Tyson en relación a la cinta. Cuando los periodistas le preguntaron qué le había parecido explicó que existían errores y expuso, entre otras cosas, que un robot metálico redondo iba a patinar en la arena, refiriéndose a BB-8, que  se desplaza con facilidad en el desierto. Al ser la película pura fantasía, insisto, el rigor científico no importa. Si ellos hicieron que el robot redondo gire fácil en la arena es correcto. Nada existe, por ende, todo es válido y nada es erróneo. Es como querer analizar si el vuelo de Súperman es correcto.

Pero en estos debates siempre tienen que aparecer los que detectan “peligrosidad”. Y así como en Paraguay, una minoría frustrada imaginó peligro con 7 Cajas, al punto de hablar de “criminalización de la pobreza” (los beodos siempre listos) el escritor y periodista  John Wight hizo lo mismo con Star Wars. Recordó que tanto cintas como Tiburón, de Spielberg y Star Wars de Lucas, fueron lanzadas en los años 70, década marcada por las críticas a Vietnam y el escándalo de Watergarte. Wight, escribe:

Kylo Ren, interpretado por Adam Driver, es el nuevo villano.
Kylo Ren, interpretado por Adam Driver, es el nuevo villano.

“Los productos de Spielberg y de Lucas -sus famosos ‘Tiburón’ y ‘Star Wars’- “en vez de cuestionar el sistema dirigente, aceptaron su papel, tanto de protector de los ciudadanos de EE.UU. como de árbitro de las morales de otras naciones”. Además, ambas películas “generaron el alto concepto del ‘blockbuster’, que invitan a los espectadores a sentir en vez de pensar. Sus películas permitieron a las personas “escapar de la realidad en vez de compartir la experiencia de confrontarla (…)”. 

Todavía busco como ambas películas oficiaron de  “árbitro de las morales de otras naciones”. Nuevamente acá estamos ante la manía de querer definir algo de forma autoritaria. ¿Por qué no puede hacerse una película solo para entretener? ¿Por qué hay que hacer un cine social? ¿Por qué hay que cuestionar el sistema? Comprometerse o no, es decisión personal del autor, ¿qué clase de cretino debe ser una persona para pretender marcar lo que otros deben hacer y enojarse incluso porque no se hace? Vamos, es una película, que la disfrute el que quiera y ahí culmina todo.

Me parece que hay que comenzar a tranquilizarse. El cine es maravilloso, en cualquiera de sus géneros. Es tan válido el meramente destinado al entretenimiento como el crítico y de autor. Cuando uno ingresa a una sala y se sienta en la butaca puede reír, llorar, enojarse, indignarse, muchas cosas. Pero hay algo que creo que sí es obligatorio. Se debe disfrutar y olvidarse de todo. En ese momento, el universo es esa butaca y la pantalla, el resto sobra…

THE END

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