Teatro en la Chacarita y en el bañado de Tacumbú

Norman Briski, actor y director emblemático de las tablas argentinas con más de 40 años de trayectoria en el vecino país, trajo a Paraguay una propuesta de teatro popular que se presentó en los barrios más humildes de la capital.

El actor y director argentino Norman Briski. Foto: Ludmila Cruzans

La obra La Empanada Verde, a cargo de elenco argentino “Miguelitos”, fue presentada durante el fin de semana en el barrio de la Chacarita y también en el Bañado de Tacumbú, de la capital asuncena.

Norman Briski, habló con Epa! sobre el proyecto presentado, la reacción del público local y dio además, su visión sobre la posición que ocupa el teatro hoy en día a nivel regional.

La Empana Verde es una obra de creación colectiva de un grupo de teatro popular, llamado Miguelitos, y es una necesidad del grupo de actores que quería acercarse a un teatro para los lugares al que no llegaba este arte”, expresó Briski.

Miguelitos, trabajó desde sus inicios llevando el teatro a las poblaciones más vulnerables de la capital argentina:

“Nosotros tenemos, como se sabe muy bien, marginaciones en Argentina que tienen problemas de todo tipo: salud, trabajo; y que el teatro puede de alguna manera, movilizarlas para poder conseguir que la gente pudiese tomar iniciativas, para resolver o para luchar en contra de esas dificultades tan serias”, argumenta el actor.

El nombre “Miguelitos”, según relata Norman Briski, hace referencia a los clavos curvados que se utilizan para desinflar las ruedas de los automóviles e impedir su avance. En la actualidad, los miguelitos son símbolo de la resistencia ciudadana en las épocas más oscuras de la historia argentina.

De a poco, el elenco de Miguelitos fue consolidándose entre el público popular de las villas de Buenos Aires:

“Ese grupo empieza a funcionar en la Villa 21. Dijimos que íbamos a hacer un relevamiento en el barrio para ver lo que pasaba a partir de los problemas reivindicativos, sociales, políticos, etc., e íbamos a construir una obra de teatro que es hoy La Empanada Verde”.

“La hicimos ahí con una repercusión relativa, por razones complejas de explicar; lo que atraviesan las sociedades marginadas: convocatoria, desconfianza, divisiones, etc. Y después la hicimos en tres o cuatro lugares más donde la convocatoria, a partir de lo que pasaba en esa Villa fue mucho más numerosa o más escuchada”, detalló.

¿Por qué no vamos a Paraguay a mostrar La Empanada Verde?”

La idea de traer a Paraguay la obra surgió de la compatriota Coral Gabaglio, quien trabaja en el proyecto de Briski, además de participar en la tira de ficción argentina “Noche y día”, de la mano de la reconocida productora Pol-Ka.

“Apareció la propuesta de una componente del grupo que es paraguaya, Coral, de un enorme talento, una persona muy macanuda, muy linda y buena actriz. Todos se entusiasmaron y dijeron ¿por qué no vamos a Paraguay a mostrar La Empanada Verde?”.

“Se pusieron en campaña y son capaces de conseguir lo que se propongan. Con otras compañeras de aquí, se organizaron de tal manera que hoy estamos acá, y estamos requete contentos por todo lo que hemos vivido en este poco tiempo”, dijo entusiasta.

Norman Briski es actor y director teatral, tiene más de 40 años de trayectoria, más de 70 producciones en su haber y varios reconocimientos, entre ellos, dos Martín Fierro. Foto: Ludmila Cruzans.

Briski manifestó que la recepción de la obra en el público local fue altamente positiva, e incluso sumó nuevas experiencias al elenco:

“La reacción del público fue jubilosa, había muchos chicos. Hay inconvenientes muy serios, sin embargo en la obra fue una fiesta”.

“También aprendimos mucho. Lo nuevo e imprevisible ha sido que la obra, que está dirigida a un sujeto más grande, haya tenido tanta resonancia con los pibes. Entonces eso nos hizo sacar uno de los tantos prejuicios que tenemos, que es que las obras tienen que tener una puntería para determinado sujeto social, y hoy se demostró que esta obra, teniendo temas de la gente grande, o de los trabajadores, llegaba a los chicos con una enorme claridad”, comentó.

El actor y director, aclaró además que La Empanada Verde ha sido adaptada para el público paraguayo, con situaciones, locaciones y conversaciones propias de la vida cotidiana en el país. Inclusive, varias partes de la obra fueron habladas en guaraní, de la mano de Coral Gabaglio.

“Antes de venir acá tuvimos charlas con profesionales de la historia paraguaya, más allá de que nosotros teníamos ya cierto conocimiento, hemos profundizado en la temática política de este país, no para dar posiciones, sino para saber si la obra iba a tener resonancia en la gente, y fue muy lindo”, aseveró.

Según Briski, el teatro popular de Miguelitos, tiene como meta unir a las poblaciones sin que medien intereses ajenos al arte y a la problemática social de ambos países:

“La problemática del pueblo paraguayo tiene muchas cosas en común con la problemática de la Argentina. Nosotros venimos justamente a unir las poblaciones de acá con las de allá”.

“Siempre vamos a estar del lado de las inmigraciones, porque esa es justamente la tarea sensible del teatro y de los artistas, estar cerca de la gente que está adoleciendo, que está sufriendo, que tiene temas económicos severos y discriminaciones que se sufren en mi país y que me dan vergüenza, eso me parece que es lo mejor que se puede lograr”, enfatizó el actor.

En una crítica a la posición que ocupa el teatro a nivel regional en la actualidad, Norman Briski resaltó la falta de accesibilidad al arte dramático y los intereses, tanto políticos como comerciales, que no permiten fomentar de manera genuina la cultura entre los pueblos:

“Creo que el teatro está en contra de las mayorías, con excepciones como siempre. La mayoría del teatro es un teatro comercial con especulación como industria, no como solidaridad frente a la temática de los que menos tienen”.

“Yo conozco la historia del teatro paraguayo y hay muchísimas experiencias que han llegado a la gente y a las comunidades, y es muy probable que eso se debilite en un periodo. Los neoliberales meten a toda la gente en el consumo y la cultura queda como una cosa relegada a determinado público”.

Parte del elenco Miguelitos cenando en el salón de eventos "El Granel", en un agasajo para Briski y los actores. Foto: Ludmila Cruzans.

“En Argentina pasa lo mismo, es un sistema capitalista más o menos simpático con respecto al tema cultural. Pero no hubo en el mundo, en la historia de las naciones, ningún estado que haya comprendido el tema cultural. No es un tema de acá o de Argentina, es un tema que los estados, que cuando se meten con un tema cultural no tienen la menor idea lo que tendrían que hacer”, señaló.

“Los pueblos son los que tienen que estar a cargo de la cultura, ningún estado ni ningún sindicato se puede hacer cargo del asunto, la gente es la que tiene que sostener sus propias expresiones”.

Finalizando, Norman Briski destacó los puntos esencialmente necesarios para generar arte que refleje el sentir real de la sociedad, y la manera de llevarlos a cabo:

“En una palabra: solidario. Ser solidario. No hay que hacer tantas especulaciones de que ‘voy a incentivar’ a nadie. Vos sentís que tenés ganas de estar próximo a las personas que tienen ganas de hacer algo, eso es ser solidario. Vos tenés espacio, unos focos, tenés algo y decís ‘vamos a hacer, que te parece’. Yo hago un chiste siempre en clase, que es ‘la solidaridad te cura el cáncer’”.

“Ser solidario quiere decir nada más ni nada menos que saber que vas a tener salud, que vas a ser saludable. Ser solidario con lo que tengas, con lo que puedas, es muy saludable y eso involucra a la alegría sobre todo”.

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