Un helado cambia de nombre y se masifica la estupidez

Pequeña cirugía de la tontería popular

 

Ilustración: Wendy Ding

por JUAN MANUEL SALINAS A.

Todavía me queda la sorprendente visión de personas quejándose en las redes sociales cuando la empresa Amandau anunció que iba a cambiar el nombre, debido a una creciente expansión internacional. El nacionalismo más “berreta” salió entonces a “flor de piel”. La versión era que la marca pasaría a llamarse Granizo, traducción de la palabra guaraní Amandau.

Posteriormente, los directivos de la empresa comunicaron que solo se trató de una estrategia de marketing aprovechando la “semana de la patria”. No obstante, algunos “desorientados de la vida”, afirmaron que la marca solo hizo un paso a un costado al ver la reacción negativa de la gente, muchos incluso sugirieron hacer marchas como protesta.

Sentado en mi escritorio, todavía no puedo creer que la gente se haya estresado por semejante idiotez. Disculpen la palabra pero no encuentro otro adjetivo. Me cuesta creer que tantas personas hayan protestado por algo que no le cambia la vida a nadie.

Supongamos que la información hubiera sido real; que Amandau decidía cambiar el nombre. ¿Por qué tienen ciertas personas (lamentablemente fueron muchas)  que estar escrachando y llamando a una protesta nacional por decisiones de una empresa privada que en nada afecta?

Haría un esfuerzo por entender si la marca era del estado, pero en este caso es privado, tienen dueños. Y los mismos, deben tener toda la libertad del universo para cambiar el nombre cuando tengan ganas. Y, lo que es mejor, ni deben dar explicaciones.

Aún me sorprende que existan ciudadanos de este país que se hayan atrevido a llevar este hecho a la categoría de “causa nacional”. Me da tristeza porque ignoraba que había tantos “imbéciles sueltos”.

Comprendería el sentido de protestar por la corrupción, por el amplio gasto de la clase política o por las calles destrozadas pese a los impuestos. Pero protestar porque una empresa cambia de nombre haciendo escenas de histeria colectiva y enfatizando que el acto simboliza el rechazo del idioma guaraní, es un alto grado de estupidez masiva que deja a la propia cultura popular desangrada en el suelo.

¡Lamentable!

Ilustración: Ice Cream Girl Wendy Ding

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