Cuestión de peso también explota la morbosidad para obtener rating

Aunque no se reconozca, la exposición de miserias humanas, forma parte de la eterna carrera por los puntos y anunciantes.

 

Ruth y Mariel, participantes del programa fueron atadas porque no se llevaban bien. 

por JUAN MANUEL SALINAS A.

Desde que la versión paraguaya del programa Cuestión de peso salió al aire, el mismo es publicitado como un producto a favor de la salud pretendiendo marcar una diferencia con los demás realitys shows. Sin embargo, el programa sigue la misma línea que cualquier reality donde la clave del éxito radica no sólo en la polémica, sino también en el morbo del espectador.

Infinidad de veces hemos visto como Baila Conmigo Paraguay “reposaba” su éxito en las fuertes polémicas al aire. Los participantes que acompañaban al famoso, eran elegidos teniendo en cuenta una serie de factores. Uno de ellos, es que sean personas con historias interesantes o llamativas. Igual con Yingo y Calle 7. Los competidores también eran elegidos poniendo atención en las historias individuales, que en más de una ocasión, al ser tratadas al aire, generaban llantos en los televidentes. Y con ello, el rating tenía su “alfombra roja”.

Cuestión de peso no propone algo diferente. El programa presenta a personas obesas que deben someterse a tratamientos e ir bajando de peso si quieren seguir en el programa. Y he aquí donde se generan las historias lacrimógenas que “encienden” al televidente igual que las peleas ridículas de los otros realitys. El espectador asiste a llantos, sufrimiento, peleas y toda una serie de situaciones que no hacen otra cosa que alimentar el morbo dramático que tanto el televidente quiere ver. Y, muchas veces, también es expuesto a una serie de humillaciones que por más explicaciones que quieran dar los sicólogos del programa, que no obedecen a su profesión sino a las directivas del mismo producto, termina siendo un gran espectáculo de morbosidad.

Andrea Politti, conductora de las tres primeras temporadas de Cuestión de Peso en Buenos Aires, expresó el año pasado que los participantes terminaban locos luego del programa.

Ya en Buenos Aires se había polemizado en torno a una de las pruebas de Cuestión de Peso, donde dos participantes debían correr por una cinta de gimnasio, para no caer en una piscina en llamas.  Los pobres competidores corrían desesperados ante los televidentes que reían divertidos, porque claro, un gordo corriendo siempre causa gracia.

En el 2013, también en Buenos Aires, se debatió la ética en torno a la exposición del cantante de cumbia Gastón “Retutu” Villegas, que formó parte del programa, cuando mostraron su torso desnudo y deformado luego de haber bajado de peso.

Curiosamente Andrea Politti, que condujo el programa durante las tres primeras temporadas, afirmó el año pasado; “Cuando terminé Cuestión de Peso, los participantes quedaron re contra locos. No estaban preparados para la exposición”.

En Paraguay, se cuestionó recientemente al programa luego que, impulsadas por la producción, dos participantes mujeres fueron atadas porque no se llevaban bien, obligándolas a hacer todo juntas, incluso ir al baño. Pese a las explicaciones de Karina Doldán y el plantel médico del programa que solo hacen lo que le dictan, esto no se debió a la intención de dar una lección de vida, sino para crear situaciones que al televidente le atraiga. La prueba fue criticada incluso por la psicóloga del poder judicial Norma Espínola alegando no solo que desconocía la técnica que su colegas aplicaron, sino que lo ocurrido violaba los derechos de las personas.

Karina Doldán, la conductora, junto a las participantes atadas. Las críticas en las redes no pararon.

La morbosidad está siempre presente. La finalidad, como todo producto televisivo, es el rating. Y en la carrera, el “vale todo” es evidente. Finalmente, Cuestión de peso, termina cayendo en el espíritu de la misma sociedad que discrimina. El hecho de que el obeso que no baja de peso debe irse del programa, equivale al obeso que le niegan la entrada a la disco por su sobre peso. El derrotado no solo abandona el set sino la oportunidad de disminuir su silueta. Continuará con su volumen, como el Monchi papá, que luego de ser descalificado, abandonó el programa para seguir siendo una persona obesa. Y es entendible después de todo, porque no es un centro de salud, es un producto de televisión, que depende del rating y anunciantes. El problema es cuando quieren pasar “gato por liebre”. Cuando quieren afirmar que la meta es mejorar la salud, cuando la verdadera finalidad es la de todo programa televisivo; avanzar en esta rudimentaria industria televisiva que apenas respira en su deteriorado proceso creativo.

Cuestión de peso es un reality más. Y ahí termina la cuestión.

Para continuar leyendo, registrate gratis.
Registrate GRATIS ingresando tus datos.*

A este número de celular te enviaremos el código de activación.

¿Ya estás registrado? Hacé click aquí.

  • Acceso completo a todas las publicaciones del día, sin restricciones.
  • Información al instante, de todas las novedades, primicias y las historias más compartidas.
  • Además, accedés a videos, fotos y artículos de todo lo publicado anteriormente en el portal.

¿Porqué cobramos suscripción?

(*) Gratis por 7 días.