50 sombras de Grey, una obra para “pajeros”

No es una película inmoral, pero sí débil desde su raíz, con un argumento que “tijeretea” partes de otras obras, donde hasta el apellido Grey es una copia. No obstante, el éxito fue rotundo. Un análisis de algunos aspectos además de recordar  cintas anteriores de temática similar.

50 sombras de Grey, con Jamie Dornan y Dakota Johnson. Ambos viven una relación sadomasoquista. Nada nuevo “bajo el sol”.

por JUAN MANUEL SALINAS A.

La polémica que cubre a la película 50 sombras de Grey, nace en el marketing, la gente tonta que se deja llevar por las tan publicitadas escenas de desnudos y la misma prensa que termina hablando de la cinta pasando por alto cuestiones más importantes y donde debería mostrarse más analítica. El debate polémico permanece en torno a las escenas sádicas cuando en realidad debería girar alrededor de un punto argumental que resume el sentido mórbidamente idiota pero que curiosamente, la película apenas roza.

Christian Grey es un tipo que a los 15 años sufrió el abuso de la amiga de su madre al someterlo a los castigos sádicos durante 6 años. Es decir, que desde los 15 a los 20, el amigo dejó que una pervertida lo reventara a latigazos. Un buen día el nene decidió pasar de “sumiso” a “amo”, por ende, es él el que desea dar latigazos. Para eso, claro, necesita a una estúpida. Y es aquí donde aparece Anastasia. Lo curioso es que el pasaje del abuso, en la película, Grey lo relata como si de veras no lo fuera. Es decir, lo explica como una experiencia más llegando al colmo cuando afirma que lo ayudó a liberarse y a sentir que “no debía tomar decisiones”.

El último tango en París (1975) con Marlon Brando y María Schneider. Una pareja que vive una relación dominante en París. Clásico de Bertolucci.

La película procura que no se vea a Grey como un perturbado, aunque en el momento final, el personaje asume cierto desequilibrio cuando le dice a la tonta Anastasia que “Tengo 50 sombras de locura”. Acto seguido le golpea las nalgas con una especie de paleta de madera.

El problema de esta obra es que no hay desarrollo. Se explayan en tontas escenas atrevidas, al mejor estilo de películas eróticas que emite el canal I-SAT los fines semana, y al torpe intento en poner romanticismo a una relación basado en el castigo y dolor. El amo somete al sumiso, algo que ya el cine y la literatura han plasmado mejor. Sólo al que ha tenido la guía telefónica como material de lectura en su vida puede sorprenderse con 50 sombras de Grey.

Pero centrémonos en el cine, ya que existen algunos ejemplos interesantes.

Nueve semanas y media (1986). Mickey Rourke y Kim Basinger. Acá, John Gray, somete a Elizabeth a una serie de humillaciones desde su posición de “amo”.

En 1972 el público conoció El último tango en París, una cinta que se sumergía en una relación dominante. Paul, interpretado por el gran Marlon Brando conoce a Jeanne (María Schneider) en las calles de París. Apenas entablan palabras, ambos culminan en un departamento haciendo el amor en el suelo. Posteriormente, ese será el sitio de encuentro donde la violencia y la dominación de Paul hacia ella será una constante. El maestro Bernardo Bertolucci, quién dirigió la cinta, puso énfasis en la psiquis de los personajes logrando un fresco de locura, sexo y, ¿Por qué no? amor. Pero un amor enfermo, pero interesante a la hora de sumergirse en las relaciones humanas.

Posteriormente, en 1986, se vuelve a la dominación en una pareja con Nueve semanas y media, de la mano de Mickey Rourke y Kim Basinger. No tenía la profundidad de El último tango, pero se hizo célebre el striptease de Kim Basinger frente a Rourke a ritmo del tema You can leave your hat on, interpretado por Joe Cocker. Aquí, durante nueve semanas y media – de ahí el título – John Gray, el personaje que encarna Rourke somete a Elizabeth a una serie de humillaciones. No confundir Gray con Grey, pese a haber solo una letra de diferencia. Claro está, siempre al final el lado romántico. Es una cinta que se queda en el camino, pero lo suficientemente taquillera como para catapultar a Mickey Rourke y Kim Basinger al gran estrellato.

La secretaria (2002). Atención al apellido. Edward Grey (James Spader) somete a la tímida Lee Holloway (Maggie Gyllenhaal). Amo y sumisa.

Otro ejemplo es La secretaria, que se estrenó en el 2002. Nuevamente una relación amo-sumisa, en este caso se relata las vivencias de un abogado y “amo” de nombre Edward Grey, up! igual que Christian Grey, que inicia una relación sadomasoquista con su secretaria, la tímida Lee Holloway. Esta vez los papeles caen en Maggie Gyllenhaal y James Spader. Esta película sí profundiza los sentimientos turbios que ambos padecen sintetizados en la búsqueda de un “alma gemela”.

Estos ejemplos dejan claro que la historia de 50 sombras de Grey no aporta nada nuevo ni profundiza lo que promociona. Queda en la anécdota del sexo. Eso sí, a raíz de una brillante campaña de marketing que nació con la venta desbordada del libro, donde la crítica tampoco fue benévola, la cinta es un éxito al punto que están confirmadas dos películas más.

Público y crítica no siempre coinciden, al igual que éxito y calidad.

Bajo el léxico popular, diría que la obra no solo es débil sino dirigida a un público “pajero”.

Para continuar leyendo, registrate gratis.
Registrate GRATIS ingresando tus datos.*

A este número de celular te enviaremos el código de activación.

¿Ya estás registrado? Hacé click aquí.

  • Acceso completo a todas las publicaciones del día, sin restricciones.
  • Información al instante, de todas las novedades, primicias y las historias más compartidas.
  • Además, accedés a videos, fotos y artículos de todo lo publicado anteriormente en el portal.

¿Porqué cobramos suscripción?

(*) Gratis por 7 días.