Costa Dulce, una película paraguaya sobre el mito de plata Yvyguy

La cinta, del 2012, trata de un joven de 18 años que emprende una búsqueda. “Trata de esa cultura de gente que ha excavado su cocina buscando un tesoro, de un chico de 18 años que vive en las afueras de Itagua. A partir de esa inquietud, de esa vida tranquila del interior, surge el mito latente que existe en todo paraguayo”, dijo el director Enrique Collar.

Nuevamente una película nacional llega al público. Esta vez se trata de Costa Dulce, de Enrique Collar, que reside actualmente en Róterdam, Holanda.

Collar comenzó su carrera como artista plástico. Oriundo de Itagua Guazú, emigró a Buenos Aires en 1971 donde su formación en la pintura la obtuvo estudiando en la Escuela Nacional Manuel Belgrano de Buenos Aires.

Apasionado de lo visual, Enrique se fue acercando cada vez más al cine, sin dejar de lado la pintura. Su ópera prima es una película casi experimental en video rodada en 1997 en Buenos Aires; Poder, dulce poder. Posteriormente en 1998, haría su primer película más acabada; Miramenometokei, donde se daría a conocer como cineasta.

En pareja con una microbióloga holandesa, dos hijas y una carrera afianzada como artista plástico, Enrique encaminó más firme su condición de cineasta con Novena, una cinta en la que actúa su tío artesano; Juan de Dios Collar. Con la cinta, el director recorrió innumerables festivales de cine, entre los cuales se encuentra el de Mar del Plata, donde obtuvo el Premio SICA .

Su última película es Costa Dulce, cinta con la cual se presenta mañana en el Teatro de las Américas del CCPA (José Berges 297 c/ Estados Unidos). La misma podrá verse durante toda una semana, junto a sus dos películas anteriores; Miramenometokei y Novena.

“Costa Dulce la hicimos en el 2012″, explicó Collar que se encuentra en estos días por Asunción.

Sonríe y alega sonriendo. “La hice antes que Latas vacías, conste. Ahora parece también que Tana y Juan Carlos (directores de 7 cajas) van hacer una película en torno a búsquedas de tesoros. La famosa ‘plata Yvyguy’ Parece que inauguré un género”, dice riendo. Entrar acá para ver el trailer.

Enrique Collar, con una de sus pinturas en el Museu Europeu d'Art Modern, en Barcelona.

 

¿Cómo se gesta la idea de Costa Dulce?

Como sabés, mi pintura está basada en la realidad y el mito. En el 93 lo sinteticé en un panel de 3 pinturas, un tríptico. Eran la visión, la excavación y la locura. Una pintura de grandes dimensiones. Mi película está inspirada también en esa pintura. Trata de esa cultura de gente que ha excavado su cocina buscando un tesoro. Trata de un chico de 18 años que vive en las afueras de Itagua, en la compañía Potrero. A partir de esa inquietud, de esa vida tranquila del interior, surge el mito latente que existe en todo paraguayo. Despierta de un momento a otro cuando surge elementos de la naturaleza y hasta tecnológicos. Eso puede despertar la búsqueda del tesoro escondido.

Hablas de que con esta película, cerrás un ciclo…

Cierro un ciclo que arrancó con Miramenometokei, interesado en cerrar este proceso donde comencé con una película a nivel narrativo de producción. Luego vino Novena, que tenía esa mezcla de documental y ficción. Aquí, vuelvo a la ficción, desde un punto más estético. Hay bastante dramatización, una historia muy concreta, sencilla, he quitado el drama, que la industria pide.

Hacés un cine muy personal, en cuando a lo narrativo.

Como soy productor de mis películas, yo decido. Este cine lo llamo “cine construido de adentro hacia afuera”. Hice un casting con los habitantes del lugar y a partir de ahí fui construyendo a través de improvisaciones.  Improvisaciones de diálogos, escenarios. Tengo una estructura libre de guion, que me permite hacer este tipo de cine. Los actores no actúan, ellos son. Trabajo con la arcilla de la realidad. Lo opuesto sería llevar a actores preparados a que actúen de campesino. Pero eso sería hacer algo externo al lugar.  Por la forma de mi cine, en Chile por ejemplo, entendieron que era un documental y quería que participe en el Festi Doc, que es un festival de documentales. Está bien, si lo quieren ver como documental, no hay problema. Pero es ficción. Con Costa dulce llego a esa síntesis, fue poder acercar más mi cine a la pintura. Y quedarme con lo esencial del cine que es la imagen  y el sonido.

¿Ese es tu eje?

Considero que el cine está demasiado contaminado de todo. De mucha literatura, de mucha historia, mucho teatro. Está como sobrecargado de un montón de otras disciplinas. Por eso prefiero quedarme, como te dije antes, en lo que considero, lo esencial del cine; la imagen y el sonido.

Hablabas de improvisar los diálogos. ¿Hablamos de un guión que propone solo situaciones?

Mi guión ha de tener de 30 a 35 páginas. Lo que no hago es escribir los diálogos. Describo lo que tienen que decir. Hago como un dibujo de toda la película y luego salgo a buscarla, porque está ahí. Para mí el cine es intentar encontrar nuevas maneras de lenguaje. Hacer un cine funcional, que ya sabemos que es de género, estaría cumpliendo las reglas, posiblemente. Tendría entonces una película funcional. No me molesta que exista ese tipo de cine, pero para mí el cine es arte, entonces, propongo otra estética.

En relación a eso. ¿Cómo vivís a la hora de estrenar tus películas?

Bueno, festivales recorrí muchísimo con Novena. Y eso fue una gran gratificación. Con Novena intenté estrenar en el país pero las salas se mostraron muy indiferentes. Pero en el Municipal llenamos por ejemplo y para mí, eso ya es importantísimo. Y ahora Meli Peña me ofreció el ccpa durante una semana y esa es mi manera de estrenar. La gente tiene una semana de chance para verla. Y, posiblemente, antes de fin de año, saldrá una caja con mis tres películas en DVD.

¿Cómo financiás tus películas?

Las financiaciones son muy básicas, tiene muy bajo presupuesto. No pasaron los 30 mil euros. El Fondec fue mi principal apoyo en las tres películas. Sin el Fondec no las hubiera podido hacer. Y en Holanda, conseguí un fondo similar de la Municipalidad de Róterdam. Con el Fondec pago los gastos acá y con los de Holanda, toda la pos, que suelo hacer allá. A veces las limitaciones hacen que todo sea positivo porque hay que ingeniarse para hacer las cosas. Trabajé con profesionales de nivel como Christian Núñez en la fotografía y con Juan Carlos Careaga en el sonido.

A la par seguís pintando…

(Sonriendo) Sigo pintando, de eso vivo. Logré hacer cine sin dejar de parar de pintar. Me voy un mes, hago una película y vuelvo.

Muchos años en Holanda. Con dos hijas…

Sí, 11 años llevo viviendo en Róterdam. Tengo dos hijas, una de 10 y otra de 7. Mi hija mayor estudia canto, arte, taekwondo, atletismo, no sé lo que va a ser. Ella dice que quiere ser antropóloga, colecciona piedras. Y la chiquita es alegría pura.

 

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