El delirio de un realizador y su tonta crítica a 7 Cajas

Ramiro Gómez, director del documental Tierra roja, escribió una carta abierta cuestionando duramente el guión de 7 Cajas. El resultado fue un tonto y exagerado análisis donde pretende asegurar que la película es un mal ejemplo para la sociedad.

Foto de la izquierda de Ramiro, Cristian Mascarós.

por JUAN MANUEL SALINAS A.

Ramiro Gómez, recordado por algunos por su documental Tierra roja, escribió una carta abierta a Juan Carlos Maneglia, guionista y co-director del filme 7 Cajas, criticando duramente el guión. Esto generó en las redes sociales una serie de comentarios a favor y en contra.

Ramiro hizo un desglose interesante de la cinta, pero cae en el clásico error del que cree saber la verdad de lo que debe ser el cine. O, lo que es peor, está tan convencido de tener las reglas de cómo filmar y escribir guiones que pretende marcar el camino que tuvo que haber tomado Maneglia cuando concibió la historia.

En un artículo que publicó en una revista digital de nombre Y, desarrolló su tesis titulada “Sobre el mensaje de 7 cajas”. Al comenzar a leer notamos que ingresó a la sala de cine buscando mensajes vaya uno a saber porqué. Luego de “digerir la cinta”, desarrolló su punto de vista.

La impecable redacción puede hacer creer por momentos que 7 Cajas tuvo “tropiezos graves”. Y es que cuando una idea está bien escrita, por más estúpida que sea, puede llegar a leerse como algo inteligente.

Vayamos al fondo.

Muchos artistas consideran, por alguna extraña razón, que el cine latino debe ser social olvidándose que el compromiso no es obligatorio. El artista es comprometido si tiene ganas. Esto debe comprenderse, de lo contrario, le estamos quitando al artista su libertad de crear y de elegir.

Y he aquí donde Ramiro asume la postura, no del colega artista que busca debatir, sino del artista enfadado (habría que saber la razón de tanta histeria) que cree haber encontrado el horror. Y está tan convencido de que es una suerte de elegido y “mostrador de la luz”, que pretende hacernos creer que los que disfrutamos con la película no entendimos el verdadero mensaje. Es decir, críticos de medios como The New York Times, Los Ángeles Times, Chicago Tribune, El País de España, Clarín de Buenos Aires, incluyendo al jurado de San Sebastián y otros festivales, no entendieron la película. Fueron todos unos “perejiles”, a excepción, claro está, de Ramiro Gómez.

Del guión de 7 Cajas, el realizador cuestiona que el deslumbramiento del protagonista, Víctor, por un celular de alta tecnología es estúpido teniendo en cuenta que se mueve en un sitio donde los aparatos pueden obtenerse fácilmente. Por eso señala que el primer mensaje es “pobreza = ignorancia”.

Celso Franco (Víctor) y Víctor Sosa (Nelson) en una de las escenas de 7 Cajas.

Al parecer, Ramiro cree que un carretillero consigue celulares de última generación con la misma facilidad que da un “chasquido de dedos”. Es aquí donde su escrito se topa con el primer error, porque es notorio que no conoce el Mercado 4. Aparentemente, el realizador piensa que cada carretillero tiene un Samsung Galaxy porque en el Mercado se encuentran de contrabando. La realidad es que si tiene un viejo Nokia liado con cinta adhesiva y la pantalla rajada, es mucho.

No contento con esto, continúa el delirio narrativo. Ramiro afirma que en la película la gente muere como “moscas” y menciona irónicamente Rambo 5. ¿Ironía o no sabe que la saga por el momento termina en Rambo 4? Rambo 5 comienza a rodarse en este mes de octubre.

Más allá de este aparente tropiezo, afirmar que los personajes mueren como “moscas” en 7 Cajas es exagerar un poco la cuestión. Y comienza acá su larga reflexión donde expresa que argumentar afirmando que se trata de una ficción no es suficiente. Dependería de muchos aspectos. Sobre todo porque en ningún lado está escrito a modo de biblia que no puede haber crímenes en el Mercado 4. Segundo, el contenido de las cajas sumado al tipo que muere al inicio y el que recibe el tiro en el desenlace, corresponde a un caso específico. Es decir, ¿puede ocurrir en el Mercado 4? Por supuesto, como también puede pasar en cualquier barrio de Asunción. Pero esto no es comprendido por Ramiro que se pregunta sin parar si estas cosas pueden pasar en el mercado 4. Y se abraza al “ideal” construyendo fabulosas frases mencionando el teatro griego y sus reglas de dramaturgia sentenciando: “para que el mensaje llegue claramente, sin distorsiones, y pueda de alguna manera prevalecer”. ¿Distorsiones? ¿Mensaje? Ramiro ama los mensajes. Entonces, en un intento de cátedra, le escribe a Maneglia:

“El mensaje es a veces conocido como la «moraleja». Existen hoy diversos planteamientos acerca de la necesidad de un «mensaje», pero esa discusión en un filme de género como lo es un thriller de acción no cabe. Además, ¿qué es una película sin un mensaje? ¿Una cáscara? Ahora te pregunto: ¿te pusiste a pensar en el mensaje de tu película?”

Aclara que 7 Cajas es un thriller de acción para afirmar luego que el género no necesita mensajes. Lanza de todas formas su “preocupación” sentenciando que una película sin mensaje es como una “cáscara”. O sea, vacía. Nuevamente, peca por tratar de definir lo que él cree que es el cine como verdad absoluta. Pero hace un giro más autoritario cuando tras preguntarle a Maneglia “¿te pusiste a pensar en el mensaje de tu película?” expande su mayor delirio. El del mensaje peligroso de 7 Cajas. Aparece entonces el “demonio amenazante del sistema”.

Ramiro Gómez sostiene que Víctor y Liz reflejan una nefasta aritmética; “pobreza + ignorancia = criminalidad”. Su reflexión parte de que ambos son testigos de un crimen. En lugar de denunciar, siguen con su misión para poder cobrar lo estipulado. Esta situación existe. Pero, ¿por qué aferrarse a que ese es el mensaje de la película? O, lo que es peor, ¿por qué esperar un mensaje cuando el mismo Ramiro afirma que en un thriller de acción no existe obligación de que exista uno? ¿No se puede pensar simplemente que corresponde a una simple situación dentro del nudo del guión? Existe un análisis rebuscado y la intención de encontrarle al gato las cinco patas cuando apenas tiene cuatro. Porque Ramiro, toma esto sólo para dejar en claro que 7 Cajas es una película “peligrosa” por su “mensaje negativo”.

Luego se detiene en otro personaje; Nelson, el villano de la película cuyo proceder parte de la enfermedad de su hijo y el dinero que no tiene para sus medicamentos. Ramiro enfatiza que es una víctima del nefasto sistema de salud paraguayo, es correcto. Aclara que Maneglia no tiene porqué denunciar con su película, también es correcto. Pero nuevamente cae en contradicciones cuando escribe: “En realidad, tu película no tiene la obligación de existir este reclamo, pero lo veo como una oportunidad perdida”. ¿Oportunidad perdida? ¿No era que no existe obligación de que exista la denuncia? ¿Oportunidad perdida para qué? ¿Para denunciar? Ramiro debería ordenar las ideas y ponerse de acuerdo en su reclamo .

Ramiro Gómez, director del documental Tierra Roja. Cuestionó duramente el guión de 7 Cajas. Foto: Perfil de facebook de Ramiro.

La crítica más tonta y sin sentido llega cuando el realizador cuestiona a Tana Schembori, co-directora de la película, por el pequeño homenaje que le hace a su padre fallecido. El comisario que aparece a mitad del filme tiene su apellido. Ramiro califica de torpeza y afirma que no se justifica. ¿Por qué no se justifica? ¿Porque él lo dice? ¿Qué tiene de malo que un artista incluya el recuerdo de su padre en su obra?

Claro, la política tenía que aparecer. Gómez incita a la respuesta linkeando una noticia donde se lee la denuncia de Cristina Arrom, la hermana de Juan Arrom, vinculado al secuestro de María Edith Bordón de Debernardi, dicho sea de paso. La denuncia, afirmaba que al mencionar al padre de Tana, comisario durante el régimen de Stroessner, se “reivindica al stronismo”, una mera idiotez simplista. Haber sido policía durante la dictadura no te convierte en cómplice. Sobre todo cuando la misma población fue y sigue siendo mayoritariamente simpatizante del dictador. Pueden sondear en el Mercado 4, por ejemplo. La prueba es que el régimen culmina no con una revolución popular sino con un golpe de estado liderado por un general de la dictadura ; Andrés Rodríguez. Ayudado por el mismo partido que sostenía a Stroessner y la embajada norteamericana. La mentira de la presión ciudadana para que los militares hicieran el golpe es un absurdo.

La denuncia disparatada de Cristina Arrom quedó en el camino cuando recibió el repudio de la ciudadanía vías redes sociales.

Es notorio que a Ramiro le molesta 7 Cajas porque es una película que no tiene moraleja. No existe una mirada que indique lo que está bien o mal. Y la razón es que no existe ninguna regla para hacerlo. Lo peor es que intenta ponerle “peligrosidad” al arte. Y lo deja en claro cuando se dirige a Maneglia diciéndole: “Hoy tengo miedo de las siguientes películas que hagas, tengo miedo de la manera en que miras una realidad. Porque uno no hace cine para ser famoso a cualquier precio, uno hace cine para contar una historia que traiga consigo una reflexión a un espacio y un tiempo DETERMINADO”

Ramiro debe entender que esa premisa es suya. No la puede colocar como verdad absoluta porque estaría tomando entonces el rol del simple “sabelotodo autoritario”. “Uno no hace cine para ser famoso a cualquier precio”, escribe. Se refiere a la cuestión como si estuviéramos ante un hecho de corrupción. ¿Puede uno llegar a este nivel de exageración? Tana y Juan Carlos hicieron una película exitosa. ¿Tanto le molesta a este sujeto?


La crítica fallida de Ramiro Gómez quedará en el camino. Peca por pretender que el cine sea comprometido. Peca por pretender inventar demonios e ingresar en un terreno donde los censores en gobiernos autoritarios se movían para prohibir películas. Porque “satanizar” una obra, es el primer paso hacia la censura.

Peca por pensar que nadie comprendió el fondo de la película, a excepción de él y una amiga. Y, lo que es peor, peca por tratar de estúpido al público por el solo hecho de haberle dado el éxito al dúo Maneglia-Schembori, que creo que es el fondo de la cuestión.

Ramiro, si tanto te preocupa las cuestiones sociales, no hagas cine. Andá a la villa a llevar pan y leche. Porque hacer un cine social y luego pasear por los festivales mientras el pobre sigue siendo pobre, no aporta nada.

Los realizadores de 7 Cajas no respondieron. Y es obvio. ¿Por qué hacerlo? Cuando se cabalga, hay que dejar que los perros ladren.

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