Del video sexual al puterío masivo

La  difusión de los dos videos del senador en las redes sociales, expuso lo que siempre se supo; que la política es una gran puta. Ahora, ¿tiene influencia la vida personal en el trabajo?

por JUAN MANUEL SALINAS A.

¿Hasta dónde puede influenciar la vida privada de una persona en la vida profesional?

La pregunta salta en medio de un escándalo sexual provocado por los dos videos que vinculan al senador que ya todos conocemos y que no podemos mencionar debido a un disparate.

El material, se suma a la larga lista de escándalos mundiales donde políticos y mujeres son el blanco de las críticas.

Sin embargo, hay quienes afirman que hay que separar los roles. Que la vida privada es una, y la laboral otra.

Los análisis no son nuevos. Desde el recordado caso de Bill Clinton y Mónica Lewinsky, pasando por las anécdotas de fiestas de Silvio Berlusconi o los 80 mil dólares que llegó a gastar el ex gobernador de Nueva York Eliot Spitzer en prostitutas caras que cobraban 4.000 dólares el encuentro.

El ex presidente Fernando Lugo también se unió a la reflexión y afirmó: “¿Quién de ustedes no ha hecho algo similar?” Por lo visto grabar a mujeres teniendo sexo lésbico con un celular es algo de rutina en su vida.

Muchos recordaron el caso de Mónica Lewinsky y Bill Clinton

Pero ante todo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Hasta dónde puede influenciar la vida privada de una persona en la vida profesional?

Desde mi punto de vista, la vida personal influencia en la laboral. Funciona casi como un espejo. Si la vida de uno es un puterío, el puterío estará también en el trabajo y en todo tipo de decisiones que tome.

Hace unos años un conocido diputado, amante de las fiestas sexuales, se topó con un proyecto de ley anti pornografía infantil. Pero no le pareció interesante y dejó la carpeta a un costado. El proyectista quedó sorprendido, porque pensó incluso que el político iba a apoyar la iniciativa por imagen. Se equivocó. En aquella época le dije al proyectista. “¿Qué esperabas? ¿Que él vea que tu proyecto de ley es importante? Su vida es un desorden sexual, al igual que los criterios con los que se maneja. Olvidáte, buscá otro parlamentario”. Y así lo hizo.

Entonces, el punto polémico es general. No sólo el modelaje está manchado con la prostitución. La política contiene el mismo puterío interno. Las elecciones son verdaderos centros de desbordes sexuales, donde punteros, “paquitas” y supuestas trabajadoras de campaña hacen malabares a cambio de favores.

El ambiente es una cloaca de oportunistas y putas de turno. De enfermos de poder y sexo que no ahorran dinero e influencias para conseguir lo que buscan. Y no voy a resaltar a las modelos que alguna vez prestaron servicios en el Congreso de la nación, como el caso de Marcia Franco, que relató varias veces que ingresó gracias a la influencia del periodista Víctor Benítez (amigo del senador), quien fuera su pareja. Ver nota acá.

Existen numerosas chicas que trabajan en el funcionariado público que se prestan al puterío político sin que nadie las presione. Por voluntad propia y ambición. Y por el empuje de ciertos políticos que llevan su vida personal a la laboral. Sus criterios de moral ambigua donde todo es permisible, claro está, sin que el desborde se haga público. Porque sabemos que todos están bajo la palabra “honorable”.

Nada sorprende, ni horroriza. Es apenas un baldazo de agua podrida que afirma lo que el universo sabe. Que la política es tan puta como las trabajadoras de la calle. Sólo hay una diferencia. La política es puta de alma, por amor y orgullo propio.

Lamentable.

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