Zuni Castiñeira, el escudo de familia y el mamón con palito

 

Foto: Juan Manuel Salinas A.

por JUAN MANUEL SALINAS A.

Todos sabemos que en programas como Baila Conmigo Paraguay debe primar el show. Y eso es para todos los integrantes, incluyendo el jurado.

De ahí la inclusión delirante de Milva Gauto, los halagos “calientes” de Raúl Melamed y las reflexiones bizarras de Zuni Castiñeira, que parecen haber salido de la película Plan 9 del espacio exterior, film del director de culto Ed Wood. Especial atención al personaje Vampira, que encarnó la actriz Maila Nurmi en la década del 50 en numerosos programas de televisión y posteriormente en el mencionado film.

Si bien Baila Conmigo Paraguay es un gran show, propio de este tipo de formatos, debe existir siempre el cuidado de que el espectáculo no se vea afectado por situaciones que puedan no sólo opacar al producto en sí, sino también a los que aparecen frente a cámara.

 

Vampira, personaje que inmortalizó Maila Nurmi en la década del 50.

Zuni, con esa apariencia al mejor estilo de la Vampira de Maila Nurmi de los años 50 que mencioné arriba, parece por momentos no tener bien en claro que el juego mediático del Baila no radica solamente en el juzgamiento de los bailes sino también en los “cruces” con los participantes que deben responder a los miembros del jurado. El competidor que se calla es un competidor híbrido e inexistente. Y he ahí donde se ve el talento del que coloca el trasero en el sillón de jurado y del que desea resaltar como participante.

En ese punto, Milva Gauto es la que mejor maneja el juego. A propósito asume el rol de la incoherente que delira y que nadie entiende lo que realmente busca. Pero ese punto que no se entiende de Milva, es justamente el sentido del rol que ella debe ejercer. Nadie la comprende porque así debe ser. Nadie la debe comprender. Y todos deben sentir que ella “propaga injusticia”.

 

Milva Gauto, la que más juega con su personaje. Foto: Juan Manuel Salinas A.

Raúl Melamed también tiene bien claro su rol. Él está para jugar con el doble sentido, con el guiño atrevido del que no puede ver faldas y del que puede ser “comprado” por las miradas seductoras de las que quieran jugar con él.

Norita Rodríguez se proyecta como la profesora veterana. Y si bien la mayoría de los bailarines que compiten le tienen cierto rechazo sin asumirlo, la ex bailarina logra fusionar después de todo el show y la opinión docente.

Luis Calderini por el contrario, está muy lejos del show. No le gusta los cruces con los participantes, lo dijo en el programa El resumen, lo que lo pondría en un lugar del que no entiende el programa. O no lo termina de comprender al menos.

 

Raúl Melamed en una de sus clásicas entradas. Foto: Juan Manuel Salinas A.

Pero en el sendero de los que saben poco de baile y que deben aportar una mirada “no preparada de danza”, Zuni parece estar perdida. Por momentos cree que debe juzgar el baile, pero se topa con la realidad de que no tiene el conocimiento.

La ex modelo es sólo ella; ni técnica ni personaje. Ni conocedora ni criteriosa. Apenas una figurita que oficia de viejo velador con el dispositivo gastado. Se apaga y se enciende sin parar.

La prueba está a la luz cuando debe enfrentar a los participantes. No sabe jugar, no entiende que el competidor debe responderle y no callarse a lo que ella considera una “verdad”. Se pone nerviosa y sólo busca ofender, como lo hizo con Marilina a la que calificó de “chirusa” y “cucarachita”. E hizo lo mismo con la hermana Mariela, que innecesariamente la intentó de denigrar en vivo. Lo gracioso, que luego que esta dijera a Epa! y al diario Popular que Zuni fue “empleada doméstica” igual que ella y Marilina, la miembro del jurado llevó al programa un supuesto escudo de familia y una foto de su abuelo vistiendo smoking. El mensaje fue claro. “Tengo linaje”. Y es ahí donde falló la memoria. ¿Qué pasó de la jovencita humilde que vino del interior (Ybycui) hablando apenas guaraní para ubicarse en el viejo barrio Ciudad Nueva? ¿Qué pasó del mamón con palito? ¿Era otra Zuni? Puede que esté equivocado. Hay varios Castiñeira en el país.

 

Zuni junto a Kike Casanova. Foto: Juan Manuel Salinas A.

El juego de la televisión es mucho más que sentarse frente a las cámaras. El juego de la televisión es mucho más que afirmar “Soy el jurado” y realizar extensas explicaciones sin sentido. No basta. Menos inventando linajes para esconder un pasado de barro.

El juego de la televisión es una fusión de talento, seducción e inteligencia, no un disparatado ataque de histeria.

¿Lo comprenderá?

 

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