Paraguay rindió culto a sus dioses del Metal

Iron Maiden, Slayer y Ghost hicieron su esperada primera presentación en el país, en lo que marca un nuevo hito en la historia del Metal en Paraguay.

Texto: Hugo Cano

Foto: Víctor Gayoso

Desde tempranas horas de la mañana del domingo el Jockey Club era testigo de la horda de remeras negras que se iba avecinando al recinto.  Ni el descenso de la temperatura, ni la amenaza de lluvia al caer la tarde serían más fuertes que las ganas atragantadas durante más de 35 años del público paraguayo de ver por primera vez a sus ídolos: dos de ellos, los máximos exponentes mundiales del género; Iron Maiden y Slayer, del heavy y del thrash metal respectivamente; junto con una de las “nuevas promesas” dentro del estilo: la banda sueca, Ghost.

Los portones del Jockey se abrían con aproximadamente una hora de retraso, con filas larguísimas en cada uno de los sectores habilitados, y la gente entraba corriendo como si fuera por su vida, para agarrar ubicaciones preferenciales.

El telón rojo del fondo del escenario, con la insignia de Ghost, anunciaba lo que se vendría. A las 18.30hs puntualmente y como estaba previsto, aparecieron en escena los instrumentistas de la banda, los autodenominados “Nameless Ghouls”, cinco de los miembros del grupo que utilizan túnicas oscuras con capuchas, puesto que el anonimato de sus integrantes es una de las características del grupo sueco. Y ya con los primeros acordes aparecía “Papa Emeritus II”, el vocalista del grupo, quien se viste como un sacerdote católico y maquillaje de esqueleto.

Ya visualmente de por sí Ghost es muy impactante, y ni qué decir musicalmente, ya que su música es una suerte de metal sinfónico, con toques hasta pop, voces melódicas, e incluso una suerte de canto gregoriano. Por el satanismo de sus letras y todo el secretismo que rodea a la banda de por sí, es comparada con grupos como Black Sabbath o Mercyful Fate. El grupo interpretó 8 canciones, entre ellas, las más conocidas, “Stand by him”, “Year Zero”, y “Ritual”. “No será la última vez” dijo Emeritus a los fans paraguayos, que disfrutaron en todo momento esta primera aparición del fantasma sueco por estas tierras.

Posteriormente, el enorme telón de Slayer iba subiendo a escena, lo cual ya despertaba el alarido general del público, que todavía parecía no creer que iba a tener a los dioses del thrash metal cara a cara, por primera vez en la historia. Aproximadamente a las 19:40hs subían al escenario los legendarios Tom Araya y Kerry King, acompañados por otros dos no menos históricos Gary Holt y Paul Bostaph; y sin preámbulos arrancaban con “World Painted Blood” lo que sería una contundente descarga de fuerza y poder durante todo su repertorio, que continuó con los violentos “Disciple” y “War Ensemble”. Al culminar estas canciones Araya (bajista y vocalista), chileno de nacimiento, saludaba al público paraguayo en un perfecto español gritando: “¡Por fin estamos aquí!”; y hasta los más seños fruncido como Kerry King (guitarrista) dejaban caer una sonrisa al ver la emoción de los miles de fanáticos que tiene su banda en nuestro país. Contínuamente Araya repetía la frase “I fell your love, Paraguay” (siento su amor, Paraguay).

La presentación de Slayer puede ser resumida en 4 palabras: poder, fuerza, crudeza, y violencia; por su rapidez instrumental, sus pesados riffs, y sus oscuras letras, lo cual los ha caracterizado por décadas. Uno de los momentos más emotivos se vivió al subirse el telón con el logo de una reconocida cerveza holandesa, pero con la leyenda “Hanneman” en vez de la marca, tributando al recientemente fallecido guitarrista fundador de la banda, y a quien se considera un “dios” en el mundo del metal mientras sonaban los acordes de uno de los temas más emblemáticos de la agrupación estadounidense “South of heaven”. En dicha bandera se podía leer también “Angel Of Death – Still Reigning” (el Ángel de la Muerte continúa reinando), haciendo referencia a dos de los más grandes himnos de la banda, “Angel of Death” y “Rainning Blood” (Nota del Redactor: “Rainning Blood se encuentra en el álbum “Reign in Blood”, conocido juego de palabras de la banda); que fueron los temas que cerraron la brillante y contundente perfomance de Slayer en Paraguay, con un “mosh” o “pogo” en su máximo esplendor de parte de los asistentes, el cual se vivió en todos los sectores del Jockey.

Luego de eso, y tras un merecido descanso del público, pasando poco más de las 21hs se apagaban las luces y se escuchaba los primeros acordes de “Moonchild”, lo cual marcaba el ingreso una de las bandas más emblemáticas de la historia del metal, y considerada quizás la más grande del mundo dentro de su estilo, los británicos de Iron Maiden pisaban por primera vez Paraguay, despertando la algarabía de las 25 mil almas presentes. Se podía ver por las pantallas (ya que su batería lo cubre completamente) a Nicko McBrain usando la remera de la albirroja, y ya con fuego y pirotecnia aparecían Dave Murray, Adrian Smith, Janick Gers, y el legendario Steve Harris, cada uno empuñando su instrumento, para que luego el carismático Bruce Dickinson salte (literalmente) a escena, con toda la energía y poder vocal que lo caracteriza.

Posteriormente, y sin descanso, se podía escuchar el tema “Can I Play With Madness?”, con el que el público cantaba a la par de Dickinson, y se podía escuchar el conocidísimo “Scream for me Asunción” de Dickinson, con lo que los presentes se desgarraban las gargantas, como un grito que tuvieran atragantado por décadas. Luego interpretaron “The Prisoner” y “2 minutes to midnight”, antes de eso un emocionado Bruce saludaba al público, hacía referencia a las décadas que el público los estuvo esperando, y dijo “Not anymore” (Ya no más).

Dickinson se devoró al público al decir posteriormente “Dicen que acá hay 25 mil personas. El viernes en Buenos Aires tuvimos 65 mil personas, pero no se escuchaba tan fuerte, ustedes son mucho más ruidosos”, lo cual encendió aún más al ya fervoroso público.

Se puede destacar de la presentación de Maiden, que cada tema iba acompañado de un nuevo telón de fondo, con varias “reencarnaciones” de Eddie (la mascota del grupo, y tapa de todos sus discos). Todo el repertorio estuvo repleto de clásicos, ya que la gira rememora el “Maiden England Tour” del ´88, y más precisamente al disco “Seventh Son Of A Seventh Son”, uno de los más emblemáticos del grupo inglés. Asimismo, Eddie apareció no solo en los telones, sino que en vivo, con un enorme robot, una estatua, y hasta la misma tapa del citado disco, en 3 dimensiones.

A continuación sonaron los clásicos “Afraid to shoots strangers”, y las coreadísimas “The Trooper” y “The number of the beast”, seguidos por “Phantom of the opera”, “Run to the hills”, y “Wasted Years”. Los guitarristas se paseaban por todo el enorme escenario, Jers bailaba, Dickinson corría, saltaba, y aún así llegaba los registros vocales más altos y agudos, dando muestra del enorme estado físico y vocal que mantiene, a pesar de sus ya 55 años.

Durante el tema que da nombre al disco “Seventh son of a seventh son”, se vivió la parte más mística del show, con los sintetizadores y las líneas de bajo sonando en todo su esplendor, y el público hipnotizado por los sonidos provenientes de los parlantes, y la iluminación más tenue, donde se podía sentir un aire de ocultismo y oscuridad; más aún luego cuando sonaba la aclamada “Fear of the Dark”, que nuevamente revivió al público, que gritaba y coreaba a más no poder.

Tras 14 canciones y la clásica falsa despedida de todos los recitales de rock, la banda volvía con “Aces High”, otro de los himnos del célebre álbum “Powerslave”; para luego cerrar con “The evil that men do”, y “Running Free”, en donde Dickinson presentaba a todos los integrantes, y cada uno a su manera coqueteaba con los fervorosos aplausos del público.

Iron Maiden hizo historia en Paraguay, y no hay dudas que además de ser el evento de Metal más grande del país, ya nada será igual para los sufridos fanáticos de este estilo, que así rindieron culto a sus más grandes dioses.

 

 

 

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