The Cure y una noche consagrada a las reminiscencias

En poco más de tres horas de concierto y un maratónico setlist de 40 canciones, la banda británica liderada por Robert Smith repasó sus más grandes éxitos en Asunción.

Casi sombrío. Robert Smith en pleno concierto en el Jockey Club. (Fotos Víctor Gayoso)

Lo sublime de los grandes conciertos de rock es esa capacidad y magnitud de poder transportar a las masas a otro tiempo, a otra dimensión, a un lugar entrañable de la memoria. The Cure transitó junto a unas 25 mil personas en el Jockey Club la noche del martes 9 de abril por ese sendero inolvidable de los años 80 y principios de los 90, donde la música era la expresión de una generación que empezaba a despertar a la libertad, y Robert Smith, uno de sus ídolos de culto.

Verlos en escenario, sin la pompa de otras bandas ni el derroche de aquellos artistas que apuestan a una colosal introducción, ya dejó sin aliento a ese monstruo que con aplausos y aclamaciones empezaba a despertar. Allí estaba él. No en un póster en la pared, o en una remera con su lóbrega apariencia. Era el mismísimo Robert Smith, con su escasa devoción a la estética y su ya perenne disputa con el peine, allí delante de su público, asomando con su guitarra y sus acordes. Era un escenario surreal. Una ilusión óptica.

Tras el paso de los teloneros Tribu Sónica y Deliverans, la maratón musical inició con ‘Open’ y al término de la misma enganchó con el éxito  ‘High’ que el público aclamó con aplausos y coreos. A continuación ‘The end of the world’ hasta la aclamada ‘Lovesong’, uno de los grandes clásicos de los chicos de Sussex. Inmediatamente interpretaron ‘Push’ para luego dar paso a otros de los himnos de la banda ‘In between days’ y ‘Just like heaven’.

Gran performance de The Cure. Músicos consagrados y una banda legendaria, de lo mejor que se ha visto por Asunción.

A esa altura, era apenas un puñado de canciones y el público se sentía así “como en el paraíso”. Eran las mismas canciones salidas de los antiquísimos LP y de los “modernos” CD… entonadas allí, interpretadas por su líder, ídolo de generaciones enteras.

Sin afectaciones ni apegos a la interacción con el público, Smith se mostró siempre módico en su trato, pero sincero. Desde siempre fue consciente que lo suyo no está en la retórica, que su seducción no radica en la palabra pronunciada sino en los acordes y letras que llegan al alma misma. Así lo hizo a lo largo de ese tobogán gigante de música y emociones que transitó por sus temas más conocidos y aquellos que no lo fueron tanto.

En esa escala de picos altos llegaron canciones como ‘Pictures of you’, ‘Lullaby’, Fascination street’ hasta alcanzar el punto más alto de la noche, al promediar el show, con su superhit ‘Friday, I’m in love’, que hizo delirar al público del Jockey, que entonó esta canción popularizada a principios de los años 90 y que fue y sigue siendo un himno de una juventud, hoy ya entrada en la mediana edad.

Más tarde llegaron canciones con más contenido, con más afecto, como ‘Trust’, ‘Want’, y ‘The Hungry Ghost’, antes de dar paso a ‘Wrong Number’, ‘One Hundred Years’ y

‘End’, con lo que acabó la primera parte de la presentación.

Pese a que ya habían pasado casi una treintena de canciones, y más de dos horas de buena música, el público coreaba a los músicos que se habían retirado a los camerinos para retomar energía. Entre aplausos, la banda retornó al escenario y se escucharon temas como ‘Cold’, ‘A strange day’ y ‘The Hanging Garden’, tras lo cual se produjo el segundo retiro.

Ya en la parte final, llegó el último vagón de canciones inolvidables como ‘The Lovecats’, ‘The Caterpillar’, entre otros, y el megahit ‘Close to Me’, que llevó a Smith a ensayar algunos ademanes de baile, con la descoordinación de un iniciático bailarín. Para el final llegó el primer gran éxito de The Cure, ‘Boys don’t cry’, una canción que se trasladó desde aquellos azarosos años en que la música disco de finales de los 70 era la reina de las emisoras, hasta el Jockey Club. Y el público, una vez más, saltó, bailó, disfrutó y se emocionó. ‘Killing an arab’ selló la gran noche de la banda británica en Asunción, en su primer concierto en Paraguay, concierto que fue posible gracias a la productora Garzia Group.

Así, durante las más de tres horas de emoción plena y música pura de la banda británica el cuerpo, el corazón, el alma misma subieron a ese vehículo llamado reminiscencia. A ese pasado que resiste en las canciones que trasuntaron una época, una cosmovisión, a esos éxitos que saltaron de las fiestas de los colegios y se instalaron en la memoria y en las emociones. A ese pasado que, con la rebeldía The Cure, siempre fue mejor.

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