Editorial: “La verdad siempre, aunque te duela”

Ayer aprendí una tremenda lección de vida. Aprendí que mi esposa y mi madre siempre tuvieron la razón. Siempre en la vida uno tiene que decir la verdad.

La verdad es lo más importante en las relaciones humanas y sobre todo influye mucho porque a las personas con quienes compartís las aprendés a conocer por su compañerismo verdadero y por su rectitud ante todo.

Pero cuando uno está acostumbrado a decir la verdad en todo momento, aunque duela, es muy fuerte e impresionante ver a personas que te mienten en la cara y tan descaradamente.

Es increíble ver como algunos mienten tan intrínsecamente y frente a tus ojos, solo para salvar sus malas acciones.

Y es increíble ver cómo, cuando al mentiroso se lo enfrenta y lo tratas de mentiroso, mirándolo a los ojos y con todas su letras, este se convierte en otra persona y es capaz incluso de agredirte solo por que el miente y tú hablas con la verdad.

No contesto con esto, el mentiroso siempre tratara de encargarse de tapar su mentira con lo que se conoce como “manto blanco”, e intentara convencer a todos los que lo rodean de que él es quien tiene la razón incluso aumentando de proporciones su mentira, perdiendo el hilo conductor de los detalles y convirtiéndola en una tremenda fabula.

En mi vida tuve amigos en mi niñez y mi adolescencia, amigos que he mantenido a pesar de la distancia hasta el día de hoy. Pero en el aspecto laboral esto cambia, de hecho en el trabajo tengo muy pocos amigos, pero justo esos amigos, quienes son los mediadores y pacificadores de situaciones completamente desagradables me han enseñado a lo largo de mi carrera a ser diplomático y a no reaccionar como un animal, faltándole el respeto a las personas como otros si lo hacen.

Incluso he tenido diferencias con ellos, pero nos hemos manejado siempre con la verdad y con hechos y acciones que sustenten nuestros dichos, o por lo menos lo hemos aprendido y puesto en práctica hasta ahora.

En la vida siempre nos vamos a encontrar con personas que lamentablemente están acostumbradas a mentir, al punto de traicionar la confianza que uno depositaba en ellos.

Pero estos no tienen la culpa de mentir, ya que sus vidas en realidad carecen de cimientos sólidos en base a una educación llena de valores. Jamás podrán tener una vida colmada de valores, por que definitivamente este tipo de personas, carecen de los más básicos y profundos valores.

La Mentira
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