Carta de: Paulina de Zavala , esposa de Fidel Zavala

Hace unos días, llego un mail a mi dirección de correo, que me emociono mucho, se atribuye a Paulina Zavala, esposa de Fidel Zavala, secuestrado hace ya 56 días, les invito a leerla, y dejar sus comentarios.

¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya?

Tantas voces se alzaron en repudio a este nuevo secuestro, no menos deleznable que los anteriores -ante los que también se levantaron innumerables voces. En protesta y con impotencia.

Algunos nos tocan más que otros por ser de gente conocida, pero todos nos causan la misma sensación a los testigos.

Lo más acertado en pocas palabras que leí con respecto a este último, fue la frase “Todos somos Fidel”. Porque todos estamos expuestos -no a ser secuestrados necesariamente, pero sí a recibir en mayor o menor grado los coletazos del odio. A recibir golpes de parte de gente que es millonaria en amargura y en armas.

No voy a agregar a todo lo que ya se dijo, a lo mucho que ya sabemos sobre cómo se llegó a esta situación o porqué sigue creciendo.

Ya estamos demasiado conscientes de la parálisis, de la ceguera axiológica de ese Paraguay. Quiero enfocarme en el otro Paraguay -y sí, los dos coexisten de forma extraña, y nos engaña que los lapachos florecen en ambos.

Siento una urgencia terrible de hacerlo aprovechando esta coyuntura, más que nunca.

Hay un país hermoso además del grotesco pantano que nos es inevitable transitar muchas veces. Quiero hablar del Paraguay que tiene muchas, muchas familias como los Zavala.

Esta es de tradición ganadera, fuente de trabajo de numerosos compatriotas. Una familia conocida, querida, respetada, trabajadora. En este otro Paraguay hay muchas “Familias Zavala” trabajando en otros rubros, en todos los estratos sociales.

Hay empresarios que no evaden impuestos ni promueven favoritismos.

Hay músicos que viven de su arte y vuelven en bus a sus casas porque no se trata de cuánto ganan, sino de hacer lo que les apasiona.

Hay héroes anónimos trabajando de forma voluntaria por los más necesitados.

Hay albergues infantiles que sólo cuentan con donaciones de gente de buena voluntad, y siguen en pie.

Hay padres que adoptan chiquitos pobres y los tienen como herederos y no como criaditos.

Hay campesinos ocupados en cultivar sus pequeñas parcelas de tierra y no en violentar a los demás.

Hay campesinos que insisten en compartir contigo su plato de comida, el mismo plato que no sabrán si estará vacío la próxima semana.

Hay gente entrenando gente dentro de su pequeño círculo de influencia, por amor a su causa.

Hay paraguayos desafiando paradigmas, rompiendo esquemas, abriendo puertas.

Hay grupos enteros en este país que tocan a los “inmundos” de nuestro tiempo, y colocan un bálsamo de tolerancia en sus muchas heridas de juicio y desprecio -y no lo hacen sólo en Navidad- como limosna obligatoria, sino como estilo de vida.

Hay compatriotas entendiendo de qué se trata el amor y desaprendiendo dogmas separatistas.

Hay jóvenes que saben divertirse sin entrar en coma alcohólico, sin degradarse a sí mismos o a los demás.

Hay matrimonios que duran toda la vida en feliz monogamia.

Hay familias que educan con ejemplo y sin violencia.

Hay padres que aceptan la disciplina que se les da a sus hijos en el colegio si es merecida.

Hay chicos que dan su asiento a los mayores en el bus.

Hay automovilistas que no creen en la prepotencia impune.

Hay personas que evitan actuar mal aún cuando nadie las ve.

Hay gente que rechaza dinero o posiciones si éstas comprometen sus principios.

Hay quienes hacen donaciones anónimas para causas nobles porque entienden que no se trata de ellos.

Hay gente que fue víctima de corrupción, abandono, violencia, discriminación y otros males, y cambia su historia en vez de buscar cómo vengarla.

Hay todo esto en este Paraguay dual, doy fe, porque soy testigo de ello, y beneficiaria de sus influencias.

Si sos residente de este otro Paraguay, celebro tu vida. Celebro cada una de las veces que renunciaste a pagar mal por mal, y aún en medio de la rabia decidiste no ser tan bajo como la gente que te hirió.

Celebro que te levantes, que vivas, que trabajes y que progreses. Celebro que “no te dejes vencer por el mal, sino que venzas al mal con el bien” (Rom. 21:12)

Si sos residente de este otro Paraguay, te pido que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestra versión del país siga creciendo. Lloremos juntos ante lo que escapa de nuestro control.

Luchemos por lo que sí podemos cambiar. Progresemos, disfrutemos del fruto de nuestro esfuerzo.

Miremos alrededor. Sembremos amor, diseminemos buenas noticias, sanemos relaciones, denunciemos las cosas malas independientemente de quién las haga.

Juntémonos con los que promueven principios de bien, independientemente de que sus formas y métodos sean diferentes a los nuestros. Seamos forjadores y no víctimas de este país.

Hagámoslo, por nosotros, por Fidel, por los que sufrieron antes, por los que sufren ahora. Hagamos crecer el país que sí queremos.

Si sos residente de este otro Paraguay, por favor hacé correr la voz.

Promové el cambio de mentalidad, nos lo merecemos.

Y si no somos mayoría en número, no importa: jamás subestimemos el poder que tiene la calidad sobre la cantidad.

Paulina Zavala

 

Liberen a Fidel
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